El medio físico  

 

La Segarra es una de les 41 comarcas de Cataluña y ocupa parte del altiplano que separa, por una parte, la Cataluña marítima de la Depresión central catalana, y por otra, la zona costera de la zona montañosa de los Pirineos. Atraviesan la comarca cuatro ríos principales, de poco caudal: el Llobregós, el Sió, el Ondara y el Corb. El clima es seco y de tipo continental.

Por lo que se refiere a la flora, por entre los campos de cultivo se intercalan formaciones arbustivas de carrascas y pequeños bosques de robles y pinos, que han ido retrocediendo por la acción humana. En cuanto a la fauna, a parte de los animales típicos de estas latitudes (conejos, zorros, tejones...), podemos encontrar variados tipos de aves tanto sedentarias como migratorias (ver, en las actividades, la posibilidad de observar aves) 

Sin embargo, en vez de esta descripción tan aséptica, ¿qué os parece si son los poetas de esta tierra los que nos hagan una semblanza del medio físico segarrence, de su clima y de sus sensaciones?

 

 

La Segarra

 

La piedra es una constante

en toda la Segarra... Campos y pueblos

son con ella construidos, pero florecen

los almendros cada año, cuando presienten

la primavera que vendrá algún día,

como un alud de luz y poesía,

a borrar las heladas del invierno!

(...)

Áspera tierra, alta tierra segarrence

donde los trigos y las cebadas mienten olas

de una mar verde, muy verde,

dorada, seca y dorada (...)

 

(Carles Cepero i Salat / La ciutat màgica)

 

 

 

 

En verano

 

OLOR de campo. Pájaro. Ventana abierta.

Grano fecundo. Alma despierta.

Canción de siega. Sol. Serenidad.

Un hombre y una mujer. Claridad.

Camino. La cruz de término. Paz madura.

Campanada. Mediodía. Tierra pura.

 

(Josep Solsona / Antologia poètica)

 

 

 

 

Otoño

 

En Cervera el otoño es una

primavera dislocada.

Si ésta se desbrava de seguida,

el otoño avanza paso a paso...

La primavera es como un cava

que se consume en un instante.

Lento, el otoño se difumina

al tiempo que se deshoja.

Otoño, el otoño en Cervera,

primavera dislocada.

 

(Ramon Turull / Petit poema de Cervera)

 

 

 

 

El medio humano: piedras, pueblos, castillos... Una constante

La Segarra es una comarca marcada por ser tierra de frontera durante muchos años, confluencia de la reconquista de diferentes condados, pasado que queda reflejado en un urbanismo, la arquitectura militar de torres, castillos y diferentes restos arqueológicos de viviendas, poblados desaparecidos, iglesias o necrópolis. Un pasado medieval, cuya importancia hay que enlazar necesariamente con los siglos modernos, especialmente durante el siglo XVI, cuando la Segarra vivió un período de prosperidad que quedó de manifiesto en la transformación de antiguos castillos medievales en palacios señoriales. También durante la época moderna muchos pueblos tomarán su perfil definitivo, con la construcción de nuevas viviendas y nuevas iglesias, al tiempo que se vivirán hechos de gran trascendencia como la creación de la Universidad de Cervera.

Sin duda, los castillos constituyen el reclamo turístico más conocido de la Segarra, tierra de frontera y tierra de castillos. Ciertamente y más allá del tópico, la morfología de la comarca propició durante la época medieval el nacimiento de pequeños núcleos de población al abrigo de les construcciones defensivas que conocemos como castillos (de castrum). Pero la vida en los castillos no se circunscribe únicamente a los siglos medievales, dado que algunos serán completamente reformados durante la época moderna, compaginando la función defensiva con la función residencial, llegando a ser auténticos palacios señoriales.

Actualmente, quien visita la Segarra y las comarcas vecinas encontrará castillos para todos los gustos: Des de las tristes, pero majestuosas y evocadoras ruinas de los castillos del valle del Llobregós, al norte de la comarca (comenzando por Castellfollit y acabando por Ponts), hasta los castillos-palacio del s. XVI, como el imponente castillo de Montcortés, o bien el de Aranyó y Castellmeià, los cuales integran a su nueva estructura elementos de la fortificación primitiva como la torre del homenaje. Otros son verdaderas joyas por su excepcionalidad, como la torre de Vallferosa –la más alta de Cataluña con más de 30 metros de altura- o bien el exquisito castillo de las Sitges.

Algunos de los castillos segarrences –pocos, es cierto- son visitables (previa concertación), concretamente los de Pallargues, Florejacs y Vicfred –el de las Sitges tiene previsto abrir próximamente-, aunque se puede completar el recorrido de castillos visitables con los que nos ofrecen las comarcas vecinas, como el de Montclar y Montsonís.

La arquitectura religiosa de la Segarra también viene determinada por la presencia de estos castillos que configuraban la frontera durante los siglos X y XI. Se trata, en principio, de iglesias relacionadas con el castillo a cuyo alrededor se irán configurando los diferentes núcleos de población. Destaca, pues, la proliferación de edificios románicos en una zona de carácter defensivo, donde las iglesias tendrían un importante papel repoblador. De esta manera, las iglesias completen el conjunto testimonial del pasado medieval en la zona, junto con los restos de fortificaciones, aldeas y necrópolis. Pero la llegada de los siglos modernos también dejará una huella notable en la comarca: si exceptuamos el monumental edificio de la Universidad de Cervera, uno de los ejemplos más importantes de arquitectura civil en Cataluña, también serán muchas las poblaciones que ampliarán o bien construirán nuevas y espaciosas iglesias parroquiales, entre las que cabe destacar las de Guissona o Granyena.  

La Segarra también se caracteriza por un elevado número de núcleos de población, que ultrapasa el centenar, así como la proximidad entre unos núcleos y otros (entre Tarroja y Concabella hay únicamente cinco kilómetros y en esta distancia encontramos cinco pueblos). Albert Turull (Història gràfica de la Segarra, 2001) señala que las causas de esta dispersión son tanto orográficas (el terreno quebrado, sin grandes llanuras) como históricas (principalmente, el carácter de frontera de estas tierras hacia el siglo XI, cosa que implicó la construcción de múltiples castillos y torres de defensa, origen de muchos de nuestros pueblos).

El mismo Turull clasifica los pueblos de la Segarra en dos tipos: los pueblos situados en lo alto de una colina y los pueblos de ribera. De manera que se puede decir que la estructura básica del territorio depende de la orografía, y más concretamente de los valles que durante milenios han ido surcando los pequeños ríos que, en esta parte del altiplano central catalán, se orientan desde sus cabeceras hacia poniente: al norte, el Llobregós, en el centro el Sió y más al sur, el Ondara. “Estos valles básicos y otros más secundarios que les son deudores (los ríos o torrentes de Llanera, de Biosca, de Sanaüja, entre otros) son las verdaderas articulaciones del territorio, y es en función de estos valles que solemos encontrar los pueblos denominados “de ribera”, como serían Riber, Ratera, Sisteró; Pallerols, els Hostalets, Sant Pere dels Arquells o Vergós de la Ribera, mientras que se escapan de esta tipología tanto los pueblos que se encuentran sobre colinas (aunque cerca del río, como Sedó) como los que se situan sobre las altiplanicies que separan los diversos valles o cuencas fluviales, o en sus vertientes laterales. A este último tipo pertenecen claramente Talavera o las Oluges, mientras que son más llanos, sobre las altiplanicies, pueblos como Sant Guim (tanto Sant Guim de Freixenet como Sant Guim Vell o de la Rabassa), Sant Ramón y la Manresana, Vicfred o Montcortés. Pero entre unos y otros bien se puede afirmar que constituyen mayoría, en esta tierra de viejos castillos, los lugares edificados sobre una colina: Rubinat, la Guàrdia Lada, Montoliu, Granyena, Granyanella, Cervera, Montfalcó Murallat, Vergós Guerrejat, Alta-riba, Taltaüll, Palou, Guarda-si-venes... podríamos alargar la lista casi hasta agotar la nómina de pueblos segarrences (...). Y sin embargo, nos faltan algunos que no acabamos de clasificar: Por una parte, por ejemplo, la importante y antiquísima villa de Guissona, construida en una llanura con importantes caudales de agua, pero sin estar situada al lado de un río; y por otra parte, una serie de poblaciones de estructura relativamente plana pero que se encuentran alrededor de una colina prominente donde, generalmente, hubo el correspondiente castillo, que las dominaba, como es el caso de las tres poblaciones del sector septentrional (o valle del Llobregós): Torá, Biosca y Sanaüja” (TURULL 2001, 74-75).

 

 

 

 

CANTO A LA SEGARRA

 

Callejuelas estrechas, de buena madrugada,

aire fresco, juguetón, que da gusto seguir,

espíritu hundido de tierra empañada,

consejo alado de gorriones que buscan su destino…

 

Fuente solitaria, encerrada a la vera del río,

leve bullicio lejano que reposa dormido;

yo iba oyendo mientras caminaba

el silencio que me daba un poco de olvido.

 

Infinitas llanuras de vibrante timidez,

pálidos árboles sombríos al lado de las breñas;

de les tierras ya viejas, la afortunada aridez;

de mi país áspero, la encendida soledad…

 

Horizonte alargado de espigas ya granadas,

amarillento color ondeante y trigueño,

continuado recuerdo de épocas pasadas

santuarios y ermitas… de la vista, a la mente.

 

         De la noche, -la clara estrellada,

         de la tierra, -el olor de romero,

         de la plaza, -la cancela soleada;

         -comienzo gozoso y final divino!

 

 

Jordi Oliva i Llorens (1981)

Más información:

Histórica: http://www.santdubte.com/jornades.htm

Estadística: http://www.idescat.es/servlet/BasicTerr?TC=3&V0=2&V1=32&PDF=FALSE&VOK=Confirmar


(Traducción: F.Manteca)