LA ARQUITECTURA POPULAR: PAISAJE HUMANIZADO
La arquitectura popular ofrece una perspectiva diferente y original al visitante. Constituye uno de los ejemplos más logrados de la intervención del hombre en el medio, más allá de las grandes construcciones religiosas y civiles. Las cabañas y los márgenes, al lado de los hornos o apriscos, son los exponentes más señeros. No dudéis en conocer esta arquitectura, síntesis de la funcionalidad y de la adaptación al medio. |
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Las cabañas La cabaña de bóveda es un pequeño y sencillo habitáculo muy típico de las comarcas interiores, desde la Noguera hasta la Terra Alta, sin descartar su presencia en otros lugares de la geografía catalana, de la misma manera que tipologías diversas de barracas de viña, por ejemplo, también se pueden encontrar en estos lares. Con respecto a la cronología parece que la verdadera expansión de estas construcciones se produce entre mediados del siglo XVIII y mediados del XX, con una etapa de mucha mayor incidencia constructiva entre la segunda mitad del siglo XIX y el primer cuarto del XX, vinculada al aumento de la superficie labrada, por venta o cesión de las tierras improductivas de los señores, por la conversión de los bosques comunales o por la privatización de considerables extensiones de terreno después de la desamortización. Con el tiempo la cabaña de bóveda fue ganando espacio, elementos nuevos y estética constructiva. Pero su técnica de edificación, adaptable según el lugar donde se pretendía construir y que utiliza siempre los materiales que el payés tiene a su abasto en el entorno inmediato, ha sido siempre la misma: después de hacer los cimientos, se hacen las paredes laterales hasta llegar a la altura prevista para el arranque de la bóveda. Este espacio, delimitado por las dos paredes laterales y, con frecuencia, la pared de cierre, se llenaba de tierra hasta alcanzar la altura definitiva y dar la forma de la bóveda deseada (bóveda de cañón o en forma de cúpula, que son las dos tipologías más extendidas en la Segarra). Con el molde a punto, se procedía a colocar las piedras de la cubierta, siempre siguiendo hileras regulares alternativamente por ambos lados hasta encontrarse en medio de la cubierta donde la hilera que la coronaba se cortaba a medida y se estribaba con mucho cuidado. El siguiente paso consistía en estribar todas las piedras mediante esquirlas a golpes de mazo o maceta para continuar con el refuerzo de las paredes laterales. Seguidamente se procedía al vaciado de la tierra del habitáculo que había servido de molde y que se utilizaba ahora para cubrir y reforzar la cubierta, que se remataba con una línea de losas en todo el perímetro de la cabaña a manera de cornisa. Finalmente se obraban las fachadas o fachada según si la cabaña era totalmente exenta o aprovechaba los desniveles del terreno o los márgenes para construirla. La orientación acostumbraba siempre a ser con la fachada de ingreso orientada a mediodía y se la destinaba a cobijo del payés y del animal. Con la mecanización del campo perdieron su funcionalidad y entraron en el abandono y el olvido. |
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Los márgenes La Segarra tiene un aspecto morfológico bastante quebrado, donde las extensiones de terreno llano son más bien escasas y en cambio abundan los cerros y las elevaciones rodeadas de pequeños valles surcados por riachuelos y torrentes. Esta fisonomía ha obligado a practicar un tipo de construcciones que permitiera salvar los desniveles del terreno y poder aprovechar la tierra para la labranza. Este tipo de práctica, que bien se podría remontar a la época medieval, tuvo un especial desarrollo a partir del s. XVIII hasta el primer tercio del siglo XIX. El elemento constructivo básico de estos ribazos es la piedra (del país), pulida en forma de sillar o bien sin pulir, usada sin ninguna clase de material de unión (técnica de la piedra seca). También las dimensiones de la piedra pueden variar en función de la técnica constructiva y de las características del terreno. Distinguimos tres tipos de pared de margen:
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